El camino iniciado por La Cámpora el 25 de mayo de 2004 a nivel nacional, y el 21 de noviembre de 2010 en la ciudad de Saladillo, es la posibilidad más concreta de avanzar hacia ese objetivo que cada día se hace más imperioso.
Es fundamental que nos organicemos como juventud argentina para consolidar y realizar, de una vez por todas, el salto cualitativo en nuestra organización y en nuestros cuadros.
Debemos considerarnos privilegiados por la Historia: hoy tenemos que dar la batalla ideológica de todos los tiempos: un país para pocos o un país para todos. Tenemos la oportunidad de continuar la pelea histórica por la redistribución del ingreso y la justicia social.
Todos los que nos conmovimos por la muerte de Néstor Kirchner debemos saber que ese compromiso, que esa muestra de afecto de millones y millones de personas (fundamentalmente de jóvenes) que salieron a las calles, deberá prolongarse en política, en militancia. Hay que transformar el dolor en militancia.
El número fue poderoso durante estas jornadas. Pero hay una consigna de John William Cooke que hay que recordar más que nunca: hay que transformar el número en fuerza.
Nuestros ejes son claros y sobre ellos no tenemos ninguna clase de dudas: retomamos las banderas de lucha de nuestro Pueblo a lo largo de su historia: los Derechos Humanos, la Patria Grande latinoamericana, la soberanía industrial, la fuerza de los trabajadores organizados y la justicia social. Pero por sobre todas las cosas: la política como herramienta de los pueblos para la transformación social.
Por todo esto, porque ni soñamos con dar un paso atrás, porque queremos profundizar, porque nos anima un deber patriótico, una mística, una historia de lucha, una memoria que está viva, y porque pensamos que reclamar lo que falta no puede hacerse sino apoyando la defensa de lo construido, es que los invitamos a formar parte de esta organización que piensa que la historia ha vuelto a colocar a los jóvenes en el centro de la escena y que siente que, de una vez por todas, les ha llegado la hora de cargarse la patria al hombro.
La Cámpora, Saladillo